“Verónica”, la historia basada en hecho reales que asusta a usuarios: Netflix

by / 4 Comments / 21 View / 15/03/2018

La plataforma de streaming, Netflix, ha lanzado una nueva película de terror en su plataforma. En esta ocasión, el servicio apuesta por el nuevo trabajo del creador de la saga de REC, Paco Plaza, basado en un hecho real.

La nueva película de Paco Plaza está aterrorizando en español al público extranjero. «La nueva oferta de terror de Netflix es una sorpresa mejor que ‘The Cloverfield Paradox’», puntualiza «IndieWire». De hecho, cuenta con un 88% en «Rotten Tomatoes», un espacio web americano dedicado a resumir las opiniones críticas de películas.

Estrenada en el 2017, Verónica ha recibido buenas críticas por parte del público que la viene viendo en Netflix, el cual afirma vio la cinta por estar basado en el caso, Expediente Vallecas, que tuvo lugar en los años 90 en Madrid, España.

La película nos narra la historia de Verónica, quien como dicta el cliché, estaba jugando a la ouija en una escuela de monjas. Su intento de contacto sobrenatural estaba dirigido a su amigo fallecido en un accidente de motocicleta. Todo esto ocurría casualmente durante un eclipse solar. En pleno contacto, ella y sus amigas fueron detenidas por una monja quien rompió la tabla de oiga. Sin embargo, los hechos no terminaron ahí y Verónica sufrió una serie de acontecimientos paranormales como consecuencia de esta situación.

Basada en hechos reales

Según el director, la cinta está basada en el‘Expediente Vallecas’ el cual inició con la extraña y repentina muerte de Estefanía Gutiérrez Lázaro. La joven y sus amigas jugaban con una tabla ouija, pero un maestro las encontró e interrumpió el juego.

Tras esto, Estefanía les dijo a sus padres que escuchaba voces extrañas a su alrededor. Ellos la llevaron a varios médicos, pero ninguno pudo descubrir el problema. Su estado empeoró hasta agosto de 1991, donde fue ingresada en el Hospital Gregorio Marañón, donde finalmente murió. El portal ABC señala que el informe médico citó “muerte súbita y sospechosa” como la causa.

Crucifijos del revés, babas y figuras vigilantes

Un armario cerrado que se abre repentinamente y de forma sobrenatural. Estruendos sin justificación en la terraza de la vivienda. Un Cristo separado inexplicablemente de su cruz. Una mancha marrón, «identificada como babas». Estos son algunos de los sucesos paranormales que la Policía Nacional, una madrugada de noviembre del año 1992, redactó en el parte de su visita a la casa de la familia de Estefanía Gutiérrez Lázaro, una joven de Vallecas que falleció en extrañas circunstancias tras jugar a la ouija.

Reunió a sus amigas para contactar con los espíritus en su instituto. Querían hablar con el novio de una de ellas, que había fallecido en un accidente de moto. Pero, tras ser descubiertas por una profesora, terminaron el juego sin una despedida. Al menos para Estefanía. Desde ese momento, según contaron los padres de la joven, la chica empezó a sufrir convulsiones, alucinaciones y a escuchar voces aterradoras en su propia casa, en la calle madrileña de Luis Marín. La salud de Estefanía se fue deteriorando. Tanto que en agosto de 1991 fue ingresada en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid. Pese a los intentos de los médicos por reanimarla, falleció en extrañas circunstancias. El parte médico solo indicaba «muerte súbita y sospechosa», tal y como expresó el forense Pedro Cabezas. Pero los «extraños acontecimientos» no acabaron con su fallecimiento. Hasta que una noche llamaron a la Policía denunciando los inquietantes sucesos de su domicilio.

Los policías que estuvieron aquella madrugada en la casa hablan de ruidos y golpes sin explicación aparente. «Lo primero que me impresiona es que llego a la casa y veo a la familia en la calle con un frío espantoso y la madre con un niño de pecho así que intenté tranquilizarlos», explicaba el inspector jefe de la Policía en ese momento, José Pedro Negrí, a «Cuarto Milenio». Otros cuatro agentes acompañaron al inspector a la casa de esta familia. Incapaces de explicar lo que observaban, lo describieron como «una situación de misterio y rareza». La familia comenzó a explicarles cómo los crucifijos de la casa se movían sin control y una enorme figura les vigilaba desde el pasillo. En un intento de mostrarles la pesadilla que vivía la familia, el padre de Estefanía les pidió apagar la luz. «Aseguraba que cuando estaban tranquilos era cuando acontecían estos sucesos», añadía Negrí.

Tal y como recoge el escrito, «pudieron oír y observar cómo una puerta de un armario perfectamente cerrada, cosa que comprobaron después, se abrió de forma súbita y totalmente antinatural». «No pasaron más de dos minutos desde que habíamos apagado la luz cuando una de las puertas se abrió y cerró de forma muy violenta. Encendió la luz e hicimos una inspección para determinar por qué había ocurrido aquello», comentaba el inspector. «No habían salido de la sorpresa y comentando la misma, se produjo un fuerte ruido en la terraza donde pudieron comprobar que no había nadie», continúa el escrito. Tales sospechas «aumentaron y se reforzaron (…) Momentos después pudieron percatarse y observar cómo en la mesita que sostenía el teléfono y, concretamente, en un mantelito, apareció una mancha de color marrón consistente identificada como babas». De hecho, los compañeros que estaban con el inspector pronto confesaron que, si no era obligatorio, preferían esperar en la calle. «Solo se quedó conmigo un compañero», confesaba Negrí a Íker Jiménez.

De lo difícil de creer a la ficción

La familia Gutiérrez Lázaro terminó vendiendo el piso y los inquilinos que lo ocuparon después aseguraron que nunca han oído ni visto nada raro. Todavía sin una explicación lógica o científica, es uno de los episodios más relevantes de la parapsicología en España y Paco Plaza lo ha utilizado como pretexto para hablar sobre las leyendas urbanas que se alimentaban de historias de espíritus y fantasmas, de reflejos en el espejo y de ouijas. «Es el único caso en el que un Policía se ha sentado delante de una máquina y ha escrito que ha sido testigo de fenómenos paranormales, es lo que lo hace tan atractivo y tan único. Queríamos trabajar sobre quién podía haber sido esa niña o cómo podría haber ocurrido», comenta el director. Por eso, está contada desde el punto de vista de ella, de «Verónica», sin posicionarse en una teoría u otra. «El caso ha sido una excusa argumental», comenta el director. Plaza insiste en que esta película no es un documental y que no solo está inspirada en el caso Vallecas, también en otros dos sucesos de las mismas características que sucedieron en Madrid en los 90 y hacer así un ejercicio de nostalgia y reivindicación de la adolescencia.

Agencias

4 Comment

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