La Casa Blanca, bajo sitio ilegal

by / 0 Comments / 3 View / 02/12/2017

Michael Flynn, ex asesor de Seguridad Nacional, se volvió este viernes el funcionario de mayor rango del gobierno de Donald Trump en caer en la investigación del fiscal especial sobre la posible colusión de socios de Trump con los rusos en las elecciones estadunidenses y, aún más alarmante para la Casa Blanca, anunció que está cooperando plenamente con la indagación, informando que sus contactos con los rusos fueron realizados en coordinación con otros integrantes del circulo intimo del presidente, incluyendo posiblemente su yerno.

El exgeneral Flynn, quien también fue asesor cercano de Trump durante la campaña electoral, fue formalmente acusado ante un tribunal federal de un solo cargo: mentir al FBI sobre sus contactos con el entonces embajador ruso en Washington Sergey Kislyak en diciembre del 2016, durante la transición presidencial.

La acusación es mucho menor de lo que podía haber enfrentando Flynn por varios delitos adicionales. Se informó que el acusado está ofreciendo información muy valiosa al equipo del fiscal especial Robert Mueller a cambio de no enfrentar más acusaciones, y aparentemente, para librar a su hijo de potenciales cargos criminales.

Pero lo que más sacudió a Washington fue la revelación de que Flynn – según los fiscales y los documentos que se presentaron en el tribunal hoy para presentar y sustentar los cargos – no actuó de manera solitaria al comunicarse con el embajador ruso en dos ocasiones durante la transición presidencial en diciembre del año pasado, sino en coordinación con otros dos integrantes de máximo nivel del equipo de transición que no fueron nombrados en los documentos. Diversas fuentes con conocimiento directo del asunto han revelado a varios medios que uno de ellos es Jared Kushner, yerno y asesor de Trump.

Más aún, según ABC News, Flynn está dispuesto a testificar que el propio Trump le ordenó hacer contacto con los rusos, inicialmente para abordar el tema de colaboración sobre Siria. Hasta recientemente, la narrativa de la Casa Blanca ha sido que Flynn actuó por su propia cuenta y sin el conocimiento del presidente y otros colegas de alto nivel en sus relaciones con el embajador ruso entre otros.

Las interacciones con Kislyak eran parte de esfuerzos del equipo de transición de Trump para influir en asuntos de política exterior, una sobre sanciones contra Rusia y otra – a petición del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu – sobre una resolución condenando a Israel en la Organización de Naciones Unidas. Estos esfuerzos potencialmente violan leyes estadunidenses que prohiben a ciudadanos privados interferir en asuntos diplomáticos entre Washington y otros países.

“Mi declaración de culpabilidad y acuerdo para cooperar con la oficina del Fiscal Especial reflejan una decisión que tome en el mejor interés de mi familia y de nuestro país. Acepto plena responsabilidad por mis acciones”, afirmó Flynn en un comunicado

Con esto, según observadores y expertos legales (y no pocos deseosos) la soga se apretó alrededor del cuello del círculo íntimo del presidente.

Flynn es ahora el cuarto asociado de Trump en ser formalmente acusado por el equipo de Mueller – los otros son el ex jefe de la campaña y su socio, junto con otro asesor quien ahora también esta cooperando con los investigadores – pero Flynn es la figura de mayor perfil en ser acusado hasta la fecha, y el primero que fue asesor tanto en la campaña electoral como en el gobierno.

Especulaciones de todo tipo circularon de por qué Flynn decidió cooperar en la investigación contra su ex jefe y colegas, incluyendo que fue para salvar a su hijo de una persecución legal (junto con su padre, había realizado negocios con intereses turcos posiblemente ilegales), o porque los gastos legales para defenderse eran cada vez más altos, e incluso porque se sintió abandonado por Trump.

La Casa Blanca aparentemente fue sorprendida por la decisión de Flynn de declararse culpable y cooperar plenamente con el equipo de Mueller, reportó Politico. De hecho, poco después de que Flynn apareció ante el juez, la Casa Blanca canceló un evento de prensa con Trump programado para esta tarde. Hasta el cierre de esta edición no ha habido un solo tuit presidencial sobre el asunto.

Ty Cobb, el abogado del presidente encargado de manejar los asuntos relacionados con esta investigación, trató este viernes de distanciar a Trump y a su gobierno de Flynn,al subrayar que el ex asesor trabajó en la Casa Blanca por sólo 25 días antes de ser obligado a renunciar y que “nada en las declaraciones de culpabilidad o el cargo implica a cualquier otro más que al señor Flynn”.

Después de haber sido calificado por Trump como una “persona maravillosa”, de prestar sus credenciales militares a un candidato sin ninguna experiencia para ser comandante en jefe y de ser considerado para la vicepresidencia, hoy fue identificado por Cobb como sólo “un ex funcionario del gobierno de Obama” (donde fue por un tiempo director de la Agencia de Inteligencia de Defensa).

Vale recordar que un día después de que Flynn fue obligado a renunciar a mediados de febrero, Trump sostuvo una entrevista privada con el entonces jefe del FBI, James Comey, quien encabezaba la investigación que Mueller heredó donde le sugirió “soltar a Flynn”. Comey fue despedido de su puesto por Trump a principios de mayo en lo que críticos consideran un intento de obstrucción de justicia (acto que se supone forma parte de la investigación del fiscal especial). Mueller fue nombrado por el subprocurador general de Estados Unidos después de que esta conversación fue revelada por el New York Times en mayo, entre otras cosas (el procurador general Jeff Sessions sigue recusando de todo este asunto por sus propias interacciones durante la campaña con el mismo embajador ruso). Como señala este viernes el Washington Post – el primer medio en reportar las conversaciones entre Flynn y Kislyak – “hay una línea directa entre Trump buscando proteger a Flynn y el nombramiento del hombre que eventualmente podría haber volteado a Flynn contra Trump”.

Para algunos expertos legales como el ex fiscal federal y subprocurador asistente Harry Litman, esto podría ser el primer paso hacia la posibilidad de cargos de destitución (impeachment) contra el presidente y que el testimonio de Flynn podría dibujar “un escándalo de proporciones históricas” que podrían ser equivalentes a Watergate o Iran-Contra en sus dimensiones, escribió en el New York Times.

Todo esto está generando mayor paranoia en la Casa Blanca, reportan medios, y posiblemente nutrirá el éxodo de personal a fines de año que ya se pronosticaba antes de esta noticia. En torno a esto, Trump desmintió las versiones que circularon esta semana de que estaba por expulsar a su secretario de Estado Rex Tillerson de su gobierno, calificándolas de “fake news”, en un tuit.

Flynn, quien en los mitines electorales donde frecuentemente presentaba a Trump solía invitar el coro de “encarcélenla” que se volvió rutina en la contienda contra Hillary Clinton – algo que hizo incluso en la Convención Nacional Republicano – este viernes tuvo que escuchar “encarcélenlo” de un grupo que lo esperaba a la salida de su cita en el tribunal federal.

Mientras tanto, se oye en el trasfondo el eco de las preguntas claves de Watergate: ¿que sabía el presidente, y cuando?

Redacción: La Jornada

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